Santa Maria d’Àneu aparece nombrada en el acta de consagración de La Seu de Urgell del año 819. Se cree que su primera advocación fue a de Santa Deodata, advocación muy antigua, y que la sustituye posteriormente la de Santa María. No se sabe qué había en ese momento, ya que las características arquitectónicas más antiguas que vemos ahora la sitúan dos siglos más tarde, en la primera mitad del siglo XI.

Con las reformas que se hicieron los siglos XV y XVI la planta creció hacia poniente. Al mismo tiempo el volumen interior se fue transformando de manera sorprendente al unificarse en una sola las tres naves primitivas. Estas obras ponen en evidencia que en ese momento se encontraba en pleno funcionamiento.

En el interior de Santa María podemos contemplar la reproducción de parte de las pinturas originales, datadas a caballo de los siglos XI y XII, atribuidas al taller del Mestre de Pedret y hoy día conservadas en el MNAC. Estas pinturas son consideradas una de las más importantes dentro del arte románico catalán, tanto por su plasticidad cómo por su iconografía excepcional. Encontramos representados la epifanía (adoración de los reyes de oriente), los tres arcángeles, dos serafinos, dos profetas, la representación de una profecía y dos personajes más, que posiblemente son nobles y/o eclesiásticos que sufragaron la realización de las pinturas. En todas las escenas son muchos los elementos representados que no siguen las normas tradicionales de la época.

Santa Maria d'Àneu

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